El ciclismo es uno de los
deportes de mayor popularidad en nuestro país. Junto a
la carrera a pie y la natación, montar en bicicleta es
una de la mejores formas de mejorar la capacidad
aeróbica, fortaleciendo al mismo tiempo el corazón y
reduciendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
No son necesarias unas condiciones físicas especiales
para practicarlo y es recomendable entre personas
mayores con problemas en las articulaciones ya que éstas
no sufren sobre la bicicleta al evitarse los impactos de
otras actividades como la carrera.
El ciclismo se incluye
dentro de las actividades físicas aeróbicas. Este tipo
de ejercicios son los más beneficiosos para la salud, ya
que en ellos se movilizan grandes grupos musculares, y
practicados con regularidad y a una intensidad adecuada
permiten reducir la frecuencia cardiaca y respiratoria
en reposo. Además, practicar el ciclismo con asiduidad
disminuye la posibilidad de sufrir patologías
cardiovasculares, al actuar positivamente sobre los
factores de riesgo, como la hipertensión, la
hipercolesterolemia, o la diabetes. De igual manera, la
bicicleta ayuda a incrementar el gasto calórico y
combatir los problemas de sobrepeso.
Según explica el doctor
Fernando Jiménez Díaz, médico del equipo ciclista Relax-Fuenlabrada,
"el ciclismo puede ser practicado por todo el mundo
-salvo las personas que padecen alguna limitación
funcional-, incluso quienes sufren algún problema de
columna, siempre y cuando sigan las indicaciones médicas
pertinentes". No obstante, es importante realizar una
serie de estiramientos previos antes iniciar el paseo
sobre la bicicleta.
Los estiramientos tienen
como finalidad evitar la rigidez muscular y la pérdida
de elasticidad muscular que producen las largas sesiones
sobre la bicicleta. Basta con cinco o diez minutos antes
y después de la sesión, en los que se deben trabajar
todos los músculos de la pierna (cuádriceps, gemelos,
abductores, isquiotibiales), así como los glúteos, la
zona lumbar y el cuello.
Una vez realizados los
estiramientos, es conveniente iniciar la marcha a una
intensidad ligera durante los primeros minutos, con el
fin de conseguir que el organismo se vaya adaptando
progresivamente al esfuerzo.
Los principales grupos
musculares que intervienen al rodar sobre la bicicleta
son los de las piernas, las caderas y los glúteos,
aunque al subir pendientes también trabajan algunos
músculos de la parte superior del cuerpo. El ciclismo es
especialmente recomendable en aquellas personas que
tienen problemas articulares, ya que se evita la
sobrecarga en los músculos y las articulaciones que
acarrean otros deportes como la carrera.