Durante mucho tiempo se
consideró que la realización de cualquier tipo de
entrenamiento físico durante el embarazo era un concepto
ridículo y hasta muy peligroso. Se suponía que todas las
actividades, y sobretodo los deportes amateur y de alto
rendimiento, debían suspenderse hasta bien pasado el
puerperio. Pero hoy sabemos que las mujeres embarazadas
han transitado un largo camino en las competencias
profesionales femeninas y han incursionado en los
terrenos del fisicoculturismo, el remo, el levantamiento
de pesas, las maratones y triatlones, etc.
Sin embargo, a pesar de las
muestras que han dado las que han competido en alto
rendimiento estando embarazadas la duda sigue presente:
¿puede realizar actividad física una mujer embarazada?,
¿qué tipo de ejercicios puede realizar?, ¿existen
limitaciones?, ¿qué precauciones hay que tomar?, ¿cuáles
son los peligros para la madre y el feto?, ¿acaso el
ejercicio provoca abortos, partos prematuros o
difíciles, o tal vez malformaciones en el futuro bebé?.
¿Que ejercicios se pueden
realizar?
Hace tiempo ya que las
mujeres están tomando seriamente el entrenamiento y el
acondicionamiento físico general, y la realidad que
muchas de ellas se resisten a abandonar su entrenamiento
durante el embarazo. ¿Tienen que hacerlo? En la mayoría
de los casos no es necesario, pero existen pautas que se
han de seguir y algunas precauciones que hay que tomar.
El ejercicio durante el
embarazo ayuda al parto porque los músculos trabajados y
fortalecidos empujan con mayor
eficacia, lo cual es muy
importante a la hora del parto. Atravesando la pelvis
ósea de toda mujer hay una serie de músculos y fascias
de tejido fibroso que sostienen el canal de parto. Este
canal conduce el pasaje de un niño a término en el
nacimiento. Abarcando la parte inferior de su pelvis
ósea como el parche de un tambor se encuentran dos
diafragmas: el pélvico y el urogenital. Los ejercicios
de fortalecimiento muscular y de flexibilidad artro-muscular
de toda esta zona es de vital importancia para agilizar
el proceso de parto. Por otro lado, mientras que el
útero se agranda a medida que avanza el embarazo, se va
elevando fuera de la pelvis de la mujer y el peso y el
sostén es soportado por los músculos abdominales y
paravertebrales. El ejercicio y los deportes añaden
fuerza a los músculos abdominales de modo que estén en
mejores condiciones para sostener el útero y estiran los
de la espalda para que no se vean tan recargados a
partir de este nuevo peso que se agrega. Los músculos
abdominales, paravertebrales y las estructuras de tejido
blando pelvianas comparten el apoyo para el útero en
crecimiento.
En mujeres no embarazadas y
en su peso corporal adecuado, el centro de gravedad se
encuentra justo por encima del ombligo. Ante una
posición “perfecta”, el cuerpo está tan bien alineado
que está perfectamente balanceado. La cabeza se ubica
perpendicular sobre los hombros, con la parte superior
del cuerpo y la parrilla costal directamente sobre las
caderas y las caderas sobre las rodillas y los
tobillos. Una posición adecuada puede ser de gran ayuda
para alejar un problema habitual en la mujer embarazada:
el dolor dorso-lumbar. Este es casi una característica
infalible del embarazo. El abdomen agrandado provoca un
desvío del centro de gravedad y mayor rotación de la
pelvis, lo cual pone gran tensión en los músculos de la
espalda. Conforme el embarazo progresa, cambia el centro
de gravedad a medida que se modifica la forma y el peso
de la mujer. A medida que el centro de gravedad pasa más
adelante, los músculos de la parte inferior de la
espalda deben trabajar más duramente para sostener la
columna. A medida que el abdomen se agranda, la
embarazada busca compensar esto tirándose hacia atras.
El equilibrio se hace más difícil, especialmente cuando
camina. Esto provoca una marcha que requiere de mayor
base de sustentación, con un paso más corto, y mayor
divergencia. En la medida en que los músculos siguen
trabajando con mayor intensidad para combatir la
gravedad, comienzan a cansarse y los ligamentos deben
soportar parte de la carga. Como las hormonas
progesterona y relaxina han ablandado los ligamentos, se
estiran más fácilmente y dan menos sostén a las
articulaciones. Un movimiento brusco equivocado puede
provocar la luxación de un ligamento o la distensión
muscular cuando se acerca la fecha de parto. Los
músculos de la cadera y la pierna también deben
adaptarse al cambio en el centro de gravedad y cualquier
esfuerzo puede provocar dolores o contracturas
musculares.
Una de las mejores maneras
de contrarrestar esto es a través del ejercicio regular,
medido y controlado, principalmente de fortalecimiento
de los miembros inferiores y piso pélvico y de
flexibilidad y estiramiento de la zona vertebral,
especialmente la dorso-lumbar.
Indicaciones
básicas para desarrollar un programa de ejercicios
durante el embarazo:
-
Evitar las
actividades que requieran movimientos súbitos,
de alta intensidad y de alto impacto
-
Comenzar lenta y
suavemente un programa de resistencia que no
incremente la frecuencia cardíaca ni demasiado
rápido ni más allá del 65-75% de la frecuencia
cardíaca máxima (sólo con apto médico).
-
Ingerir suficientes
calorías para aportar energía para el ejercicio
-
Beber cantidades
suficientes de líquido
-
Tener mucho
descanso
-
Practicar técnicas
de respiración y relajación profunda
-
Evitar los
sobrecalentamientos o enfriamientos corporales
-
Usar ropas cómodas,
incluyendo zapatillas con soporte adecuado
-
Usar corpiños que
ajusten adecuadamente.